
Ellos lo están haciendo… o lo harán algún día
Gabriela Agudo Adriani/ gabagudo@gmail.com
Si usted tiene un hijo en plena adolescencia, piénselo: o lo está haciendo ya… o lo hará algún día. A pesar del escándalo de muchos padres, monjas, maestros y abuelos, el CELSAM ha determinado que la iniciación sexual promedio en Venezuela se ubica entre los 12 y los 14 años. Los niños de esta generación están experimentando en sus propios cuerpecitos inmaduros lo que tratan de explicarle, sin mucho éxito, los videos aburridos y decadentes que les ponen en el colegio sobre puericultura.
Sepa que después de pelearnos en las estadísticas de embarazos precoces en Latinoamérica con Brasil y Colombia (según estudios del CELSAM y UNICEF), hemos alcanzado un triste primer lugar que evidencia la pobre orientación que reciben nuestros niños y adolescentes en materia de salud sexual y reproductiva.
Cuando tantas chiquillas sufren dolores de parto en las clínicas y hospitales, otros tantos se contagian enfermedades de transmisión sexual y otros se inician en experiencias grupales, se graban entre sí con celulares, se estrenan en la pornografía casera. Insisto, la realidad se cae de madura: ellos lo están haciendo o lo harán algún día, y mucho más pronto de lo que esperan sus padres y sus familias.
Como es de esperarse, mientras más tempranos y más frecuentes son sus encuentros sexuales, más probabilidades hay de que alguno, muy pronto vea ‘germinar esa semilla’; sobretodo sumado al hecho de que de cada 10 adolescentes que tienen una sexualidad activa, sólo uno de ellos utiliza algún método anticonceptivo. Nueve de 10 de ellos no piensan en las consecuencias, las dejen a la suerte o rezan para que no haya ninguna.
Mientras muchos padres (como usted, probablemente) siguen en sus casas u oficinas asumiendo ‘mi hijo no lo ha hecho todavía’; el Gobierno se hace de la vista gorda ante este problema de salud pública y la empresa privada invierte en cualquier cosa menos en el patrocinio de campañas de salud sexual y reproductiva, miles de chiquillos de sexto grado y primer año se retan entre ellos: “¡¿A que no lo haces con ‘Fulanita?!”.
Y no es para que corra a revisar el control parental de su televisor o si su hijo lee revistas para adultos o se mete por Internet en páginas indebidas. Pero es que ¿no se ha dado cuenta que el sexo ya no está sólo en la pornografía? El sexo se ha convertido en un mensaje que nos inunda a diario a todos en sus diferentes formas, pero que ellos absorben como esponjas en esa etapa de sus vidas.
Muchas familias siguen creyendo que eso sólo les sucede a ‘otras familias’, pero el niño o la niña de la casa puede estar jugando a la ruleta rusa (con el embarazo, el VIH y el Virus del Papiloma, entre otros males) en el baño del colegio, en un parque o plaza pública, en un motel barato, en el rincón oscuro de la fiesta o cuando los padres no están en la casa de Fulanita. Y no siempre por el afán de la famosa ‘prueba de amor’, sino como resultado de un reto o apuesta colectiva, en medio de un encuentro casual (un ‘resuelve’) o de una aventura de múltiples parejas.
Mientras tanto y a decir de muchos profesionales de la medicina, es bajísimo en Venezuela el porcentaje de jóvenes que acuden al ginecólogo tras iniciar su vida sexual o que se mantiene en control luego de ese inicio. Millones de jóvenes en el país no tienen idea de cómo se encuentran sus órganos sexuales y reproductivos. Y peor aún, muchísimas jovencitas ni siquiera acuden al médico tras darse cuenta del retraso de la regla, pues pasan los primeros meses de gestación desinformadas y desorientadas, buscando la manera de abortar o de contárselo a la familia.
Sobra decir que un embarazo no deseado en la edad adolescente genera un impacto negativo en la familia, impide la realización de los sueños de realización personal y profesional de las madres (y de los padres, cuando existen) y los obliga a todos a hacer sacrificios para poder asumir los compromisos económicos inesperados que trae consigo un niño. Además, dada la inmadurez del cuerpo de las niñas, implica cualquier cantidad de riesgos para su salud durante el embarazo y el parto (como la preeclampsia y la anemia).
Aunque el embarazo no sea lo que suceda, otras consecuencias del sexo experimental adolescente están a la vuelta de la esquina. Cuando una niña comienza sus relaciones sexuales a una edad tan temprana, está en un altísimo riesgo de contraer el Virus de Papiloma Humano y desarrollar cáncer de cuello uterino, una de las primeras causas de muerte femenina en Venezuela.
Está comprobado además que una vida sexual irresponsable y el embarazo precoz están asociados con la pobreza (lo que no quiere decir que sólo suceden entre los pobres), la deserción escolar, la baja autoestima de los jóvenes y adultos, la discriminación laboral, las relaciones de pareja inestables, la desintegración de las familias y los problemas en la crianza de los hijos. Eso quiere decir que muy a pesar suyo, una niña que se convierte en mamá antes de tiempo tiene más difícil que las otras llegar a ser millonaria, profesional universitaria o casarse algún día con el hombre de sus sueños.
Frente a esa realidad, digo yo que no existe otra alternativa más inmediata y efectiva que la de hablar usted mismo con sus hijos. Mientras algún día quizás se crean políticas y programas para enfrentarlo; mientras los colegios consiguen material audiovisual más actualizado y creativo; mientras los medios de comunicación toman conciencia de que hay que profundizar más en eso del sexo responsable y seguro; no hay otro modo de prevenir que su hija (y el noviecito de turno, o el resuelve de la fiesta o uno cualquiera del grupito) sean parte de las estadísticas.
Ellos lo harán algún día….a pesar de sus esfuerzos por que no visite a Fulanito, por que no se queda hasta tarde en las fiestas o por que no se junte con la vecina. Un adolescente motivado y curioso encontrará la manera de hacerlo como sea, a menos que sepa y entienda cada una de las posibles consecuencias. No depende de usted como padre decidir dónde, con quién, o qué día, pero sí con qué información contará cuando lo decida. En algún momento entre los 12 años y los 20 y pico; si no lo están haciendo, lo harán algún día.
(Publicado en mi columna "Mi Venus Personal" en OC Magazine, No. 14)
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