"La más retadora y significativa relación es la que tienes contigo misma. Y si encuentras a alguien que pueda amar a esa tú que tú amas...eso, es realmente FABULOSO" Carrie Bradshaw

miércoles, enero 20, 2010

Esas mujeres de la pantalla...

“Así se crea y se perpetúa el personaje: fantasma múltiple que circula
de uno a otro imaginario y que desplaza su ser de fantasía
con un peso que ya envidiaríamos nosotros los mortales”.
Frank Baíz Quevedo, Escritor Venezolano *

Confieso haber sentido desde muy pequeña una especial atracción por las historias dominadas por mujeres. Quizás no fue casual haber nacido en la Latinoamérica de los ochentas, el hervidero de la producción de telenovelas. Más o menos desde los 6 hasta los 13 años viví desafiando la prohibición de mis padres de verlas, aprovechando sus ausentes mediodías y la alcahuetería de las muchachas de servicio cuando ellos salían a cenar los viernes por la noche. Así fue como seguí apasionada ‘Inés Duarte, Secretaria’, ‘El Extraño Retorno de Diana Salazar’, ‘La Fiera’, ‘Corazón Salvaje’ y muchas otras. Bajo la venia paterna, devoré con fascinación capítulos de La Reportera del Crimen, Cagney & Lacey, Mi Bella Genio y más series gringas. En literatura no fue distinto: rechacé los libros de Mark Twain por seguirle las andanzas a Mujercitas.     

Ahora, gracias a la evolución del personaje femenino tanto en la serie de TV como en el cine, la amplia oferta de contenidos y la escogencia libre del ‘control parental’ que nos permite la adultez, tenemos de dónde escoger a nuestros heroínas. Ahora, que soy “grande”, me pregunto ¿por qué seguiremos con tanto empeño los pasos de un ser ficticio? Será porque a través de esa ventana a la realidad pero también a la fantasía que es la televisión, nos llegan personajes que terminan formando parte de nuestra cotidianidad, de nuestra cosmogonía. Se meten en nuestras vidas, nos imponen un horario de actividades en función de poder dejar el espacio para verlos -bien sea por programación paga o en DVD- y ahora hasta son capaces de darnos consejos y ‘leyes de vida’ a través del Facebook.  

Esas mujeres que por ser aquello que no hemos podido lograr o tener cualidades de las que nosotros carecemos, por tener vidas envidiables, novios envidiables, clósets envidiables o mentes brillantes, se vuelven objeto de nuestra admiración y nuestro anhelo. Son esas ‘heroínas’ (o antiheroínas) de la televisión que nos encantan. Y que somos inclusive capaces de aludir en una situación determinada –y determinante- de nuestras vidas reales: “porque como dijo Carrie sobre los hombres de 40 años…” o “en París, hay que comer créme brulée, como lo hacía Amèlie en la película…”.

Como asumí que no soy la única atrapada por la magia de esas mujeres de la pantalla, reuní un grupo de colaboradoras-colegas-amigas y armamos una especie de tertulia virtual para conversar sobre lo que esas heroínas de TV o del cine nos enseñaron o hicieron alguna vez por nosotras. ¿Por qué nos gustan esas mujeres? ¿Qué tenían que decirnos? Aquí, les transmito alguna de sus opiniones, y por supuesto, el listado de chicas que se ganaron con su encanto, un lugar en nuestras vidas.

Las más recordadas son el trío de compinches de ‘Friends’, cada una por su particular forma de ser. Mónica por su manía por el orden y la limpieza, y su obsesión controladora que la hacen parecer más fuerte inclusive que los personajes masculinos. Es el personaje con el que más de mi ‘grupo se estudio’ dijeron poder identificarse realmente. Phoebe y Rachel, en cambio, generan simpatía por ser excéntricas, un poco tontas, pero a la vez graciosas. No son un modelo a seguir pero son “las amigas que siempre quise tener”, como dijo una de mis colaboradoras.

La segunda en la lista es nada más y nada menos una mujer (dibujada) que movió –y seguramente aún mueve- las fibras melodramáticas de muchas: la insólita, empalagosa y archiconocida Candy-Candy. El resultado más evidente en este punto es que la mayoría de mis coetáneas aún se sabe de memoria la canción: “En mi ventana veo brillar, las estrellas muy cerca de mí…Abro los ojos, quiero soñar, con un dulce porvenir”. Ése pudo muy bien haber sido el himno de nuestra preadolescencia. Lo segundo más recordado de Candy es su súper sexy novio Terry Grandchester, el niño rebelde y aventurero, de pelo largo y profundos ojos negros; y me confesaron algunas, que pasados los treinta todavía suspiran por este sex symbol animado.
Lo tercero, pero no menos importante es que Candy nos enseñó que no está mal estar indecisa entre dos chicos, que definitivamente hay que tener más de un gran amor en la vida, que las aventuras amorosas de un personaje animado femenino no están al alcance de la censura y que citando a otra de mis amigas “cuando eres rubia y bonita, pasa desapercibida tu tendencia a la promiscuidad”.

Le sigue Amelie Poulain, la tierna francesita que decidió un día cambiarle la vida a sus vecinos y conocidos, y apareció en la pantalla grande para cambiárnosla también a nosotras.  Ella nos enseñó a apreciar las pequeñas cosas, los detalles cotidianos, como el sonido de la creme brulée al romperse con la cuchara (aunque no es que tal cosa como la creme brulée sea muy cotidiana en Venezuela) o lo que se siente cuando se mete la mano en un saco de granos en el mercado. 
También nos demostró que hasta la más freak de las mujeres puede encontrarse un novio divino a la vuelta de la esquina, y que el amor es digno aunque el candidato en cuestión tenga un trabajo tan cuestionable como el de atender en una tienda de pornografía. Nos dio licencia para explorar la artista que llevamos dentro, encantándonos con “su creatividad tan sutil, como inspiradora”, aludiendo a la opinión de otra de mis amigas.

Mafalda es otra caricatura con la autoridad suficiente como para aleccionarnos en los muros de Facebook. A unas porque como a ella, no les gustaba la sopa y a otras porque tal vez fueron niñas intensas e impertinentes como ella (allí entro yo). De ella dijeron “su inteligencia es suprema”, “es la reina del mambo”, “pequeña líder y filósofa”, “referente ideológico”, “ingeniosa y nunca pierde vigencia”, algunas inclusive le adjudican a Mafalda sus primeras opiniones políticas.

Aunque las chicas de Sex & The City no tuvieron tanto éxito en esta pequeña ‘encuesta’, las incluyo aquí por ser mi cuadrilla de personajes favorita. Ellas, cada a una  a su modo, demuestran que cada deseo, expectativa, plan de vida, tiene su cabida, aún en un mundo donde parece dominar la moda, la frivolidad y los estereotipos, como es el de la sociedad neoyorkina. A unas les gusta Carrie por su sentido de la moda, a otras Samantha por su capacidad de disfrutar del sexo sin prejuicios ni compromisos. 

Betty La Fea es la que se lleva todos los halagos en cuanto a heroína de telenovela. Aunque ninguna dijo querer identificarse con ella por su evidente –y estridente- mal gusto, todas manifestaron haberse sentido como el monstruo, el outsider, o “el garfio” (como la llamaba el personaje de Hugo Lombardi en la teleserie) en algún momento de su existencia. Y cierro con esta frase de una de mis colaboradoras refiriéndose a ella, otra de esas mujeres de la pantalla que nos fascina: “reafirmó que el mundo dentro de una mujer es más amplio y más hermoso de todo lo que podemos demostrar por fuera”.

* Extraído de su artículo “Yo, el personaje”/ Encuadre  Nº 36, 2-3. Caracas: 1992 (publicado en http://www.lapaginadelguion.org/yo.htm )


(Publicado en mi columna "Mi Venus Personal" en OC Magazine, No. 14) 

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