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jueves, mayo 27, 2010

El día en que nos arrebataron las opciones
Esta mañana me desperté con una noticia rabiosa: hoy, 27 de mayo, se cumplen tres años de la salida de la TV abierta de RCTV. Recuerdo, que en 2007, cuando se le revocó la concesión, el gobierno de Hugo Chávez aseguró que no se trataba de un “cierre”, como algunos medios solían llamarlo. Es verdad, en 2007 no hubo cierre. Pero en 2010, tras una nueva arremetida, el cierre es inminente. El primer canal de la TV venezolana vive una dolorosa agonía.

Según afirma un artículo publicado en el Nacional de hoy, 2.700 personas han salido de la nómina del canal, reducida a un cruel 10% de la original. De las cuales, me atrevo a afirmar, unas 1.500 eran trabajadores humildes y sostén de familia. Recuerdo de aquel entonces, para cuando no se vislumbraba aún la posibilidad de cierre, que hasta había bastantes chavistas, que no tenían muchos remilgos en decir que apoyaban al presidente. Y nadie los echó por eso. Se les respetaba el derecho al trabajo, a llevar el pan para sus casas y hasta disfrutaban de beneficios que no sueñan tener hoy en muchas empresas privadas: guardería, lista de útiles escolares, un servicio médico gratuito dentro del canal, planes vacacionales para sus hijos, tickets de alimentación, caja de ahorros y pare de contar, porque la lista era larga.

No voy a caer en lugares comunes, que si donde se formaron los mejores profesionales de la TV venezolana, que si la libertad de expresión y todo eso, aunque es cierto. Yo trabajé tres años en RCTV, y en ése período, me topé con gente capaz y trabajadora, pero también con gente mediocre, razón por la cual en determinado momento de 2005, decidí que ya no quería estar más allí. Así, es: LO DECIDÍ. Porque tenía la firme convicción de que si ya no me sentía a gusto podía encontrar empleo en cualquier otra parte (y sin necesidad de salir de Venezuela).

Para aquel momento, las productoras audiovisuales independientes vivían un buen momento: tras la puesta en funcionamiento de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, muchos anunciantes se veían obligadas a re-producir sus spots publicitarios en Venezuela. Llegué a una pequeña productora de comerciales y allí me quedé hasta que quise irme a otra y luego, a otra, adonde con mucha suerte, conseguí empleo hace unos meses.

En estos tres años, entre mis ires y venires, he contabilizado los amigos y conocidos que se han ido de RCTV. Muchos, con suerte, contactos y el aval de haber producido buenos programas, están en Miami, Bogotá y otras ciudades. Casi todos, gente bien preparada que provenía de cargos gerenciales y ahora tienen unos mejores allá. “Venezolanos triunfando en el extranjero”, ya que hablamos de lugares comunes. Y entonces mucha gente dirá “ah, ¡pero si no les fue tan mal!”. Y sí, es cierto, a ellos no les fue tan mal.

Las caras bonitas de la pantalla, que una vez ganaron abultados sueldos, tampoco se la han visto fácil. Algunos, lograron abrirse paso en la creciente producción colombiana; otros, un poco a disgusto, forman parte de las nóminas de los patéticos programas mayameros. Hay otros sobresaturando la oferta de monólogos teatrales, otros hasta escribiendo libros de recetas, experimentando en los cortometrajes, yendo y viniendo, con escopeta en mano, para “matar” cuánto tigre salte. Ah, y claro, los que están haciéndole ojitos a Leonardo Padrón, al parecer el único escritor que todavía pega novelas en este país, para que los incluya en su casting.

Pero otros muchos, productores como lo fui yo, están hoy desempleados, con la moral por el suelo por haber sido víctimas de un arbitrario decreto presidencial, llenos de rabia, pero con los bolsillos vacíos. Muchos a los 30 y pico o -40 y dele- buscando empleo “en lo que sea”, dispuestos a olvidarse de sus años de experiencia y aceptar un sueldito de recién graduado, porque sencillamente, necesitan su quince y último de nuevo. Peleándose los escasísimos puestos de trabajo de nuestra moribunda “industria” audiovisual, en la que hoy, ya ni se cumple la Ley Resorte, ni quedan muchas empresas dispuestas a anunciar en ella.

Y están los otros, esa gente amable –o veces no tan amable pero igual de valiosa- que nos servía para llevar a cabo nuestro trabajo. ¿Dónde estará el utilero del estudio 1, el señor Cazorla, que decía no querer jubilarse nunca porque se iba a morir del aburrimiento en su casa? ¿La maracucha que tenía como 30 años arreglando los teléfonos de toda la planta? ¿La Sra. María y sus macarrones con pollo del cafetín? ¿Las vestuaristas, maquilladoras, almacenistas, los muchachos de efectos especiales, los operadores de audio, los luminitos, la gente de la Campiña? ¿Dónde están trabajando si la producción audiovisual nacional no ha crecido y por el contrario, se contrae irremediablemente, mientras el desempleo, gracias al resentimiento rojo, sube y sube, llevando a muchas familias venezolanas al desespero?

Aunque extraño Bitácora y Quien Quiere Ser Millonario, a mí lo que me duele no es RCTV, no es una señal de televisión, no es Marcel Granier, y no son ni siquiera los pasillos vacíos de la sede de Quinta Crespo que describe Andreína Martínez Santiso en El Nacional. Es LA GENTE. Esa gente que hoy día sencillamente no tiene derecho a elegir cómo ganarse la vida, que no ven en su panorama más que dos opciones: hacer “lo que sea” o irse del país. Es saber que probablemente elegirán la segunda, pensando que si a fulano le fue bien, a ellos también, o peor aún que en este momento “cualquier vaina es mejor que vivir en Venezuela”.

Lo que me produce esta rabia tan profunda es que a los del mundo audiovisual se les van sumando poco a poco trabajadores de otros medios de comunicación, y así las agencias publicitarias, y luego los anunciantes, y muchos, que se refugian en el “amparo” de las empresas protegidas del gobierno, no entienden que estamos viviendo en una espiral destructiva, en la que la meta final es que ya no existan las opciones. Ya, sin la más remota posibilidad de ahorrar poco a poco para poder huir del país, no nos quedará otro remedio que quedarnos. Y entonces, tendremos que trabajar dónde haya, aunque eso signifique doblegar la dignidad y hacerlo para ellos.

Entre el 27 de mayo de 2007 y el 23 de enero de 2010 a 2.700 venezolanos les arrebataron su derecho al trabajo. A muchos otros miles, profesionales del medio audiovisual, también le han ido arrebatando poco a poco sus opciones. Y RCTV fue sólo el comienzo.

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