"La más retadora y significativa relación es la que tienes contigo misma. Y si encuentras a alguien que pueda amar a esa tú que tú amas...eso, es realmente FABULOSO" Carrie Bradshaw

lunes, mayo 09, 2011


ETIQUETA PARA TODOS

En un reciente artículo de la Revista Producto, que resumía los temas más importantes para el 2011 en las áreas de publicidad, comunicación y mercadeo según la agencia JWT, se incluía la latente necesidad de una “etiqueta digital”, ahora que a tecnología ha pasado a formar parte imprescindible de nuestras vidas. Mencionaban en dicho artículo, como dato curioso (y escandaloso a mi parecer), que un estudio demostró que el 11 por ciento de los norteamericanos menores de 25 años sienten que es correcto interrumpir el acto sexual para revisar un mensaje en sus smartphones.
Ya me parecía molesta la adicción de algunos conocidos a la telefonía celular, pero  si ciertamente, hay gente que es capaz de abandonar la faena amorosa para atender su Blackberry, tal cosa como la etiqueta digital nos urge. Se supone que la tecnología vino a estar entre nosotros para acortar distancias, no para alargarlas. De modo que, adelantándome a lo que ojalá algún día se convierta en un nuevo “Manual de Carreño de los nuevos tiempos”, quise enumerar lo que para mí es fundamental tomar en cuenta, con la intención de que los gadgets vuelvan a facilitarnos la vida y no a perjudicar nuestras relaciones. 
  1. Mientras algunas personas hacen nuevos amigos o se reencuentran con los de la infancia a través de las redes sociales, otras, parecen alejarse de las amistades de siempre desde que cambiaron su forma de comunicarse con ellos. ¿Por qué si antes la costumbre era darles una llamada en su cumpleaños y en Navidad o Año Nuevo, ahora los buenos amigos sólo reciben un pobre e impersonal mensaje en el muro del Facebook? A no ser que vivamos en países distintos o por alguna razón hayamos perdido el número telefónico, las relaciones vía  Facebook no deberían sustituir a las muestras de cariño que antes solían recibir nuestros amigos y familiares más cercanos. Yo abogo porque el uso del muro sea limitado sólo para los conocidos, los familiares lejanos (que en otras épocas no se hubieran tomado la molestia de llamarnos por teléfono) y los amigos que viven el extranjero. Punto.
  2. He aquí un cuadro que suelo ver (y vivir) a menudo en los restaurantes: una pareja, una familia entera o un grupo de amigos o compañeros de trabajo, y cada quien por su lado, inmerso en cualquiera de los variados servicios que le ofrece su Blackberry. Nadie conversa, nadie se mira a la cara, como no sea para compartir un comentario curioso en Twitter. ¿Qué pasó con las reuniones en las que la comida servía para compartir experiencias, chismes, noticias, relajarse y olvidarse del trabajo, o intimar con la compañía elegida? Muy a pesar de los workaholics, yo creo que el uso de los smartphones en ocasiones como la comida de placer debería ser absolutamente prohibida; o en su defecto, quienes no pueden abstenerse de chequear el correo y el chat cada 10 segundos –en una manifestación de mala educación y descortesía- deberían abstenerse de aceptar invitaciones a hacer vida social ‘analógica’ y quedarse en sus casas o en sus oficinas, profundizando su relación de exclusividad con el Blackberry. 
  3. Por supuesto, interrumpir cualquier actividad de relacionamiento social, tal como el sexo o inclusive el foreplay (mejor conocido como juego previo) para atender un llamado de la tecnología, llámese correo electrónico, SMS, mensaje de chat o afines es sencillamente ¡IMPERDONABLE!
  4. Otra cosa que suelo ver con frecuencia es la gente que asiste a las reuniones de trabajo sólo de cuerpo presente, porque su mente está bien distraída con las conversaciones que mantienen por sus respectivos teléfonos. Una cosa es responder mensajes puntuales –que se suponen importantes- y otra muy distinta, es mantener una reunión virtual paralela con todo y tragos y chistes y risita incluida. Es una falta de consideración con los oradores y con el resto de la concurrencia.
  5. Así como hay ocasiones que siguen ameritando una llamada como los cumpleaños, pienso que hay que saber diferenciar qué situaciones pueden resolverse vía Chat y cuáles no. A mi modo de ver, una información importante de trabajo, tal como “aprobaron el proyecto tal”· no debe ser transmitida por esa vía. Tampoco información demasiado personal del tipo “estoy embarazada…y es tuyo” o “terminamos”, que más bien merecería una conversación en persona. Al pan, pan y al vino, vino.
  6. Las cadenas vía Chat pueden convertirse en un motivo de disgusto e incomodidad tremendo. Nada más molesto que recibir un repique en medio de la noche y despertar sobresaltado para descubrir que un fulano trasnochado nos ha mandado el último chisme de Jaimito. En lo posible eviten enviar cadenas y si lo hacen que sea a los amigos que saben no les molesta y a horas dignas. ¡El sentido común no está peleado con la tecnología!
  7. Volviendo al Facebook, y a cualquier otra red social parecida, voy a referirme a la función de subir fotos y etiquetar a la gente conocida. También hace falta un poco de sentido común para saber qué fotos publicar y cuáles- por el bien de nuestros “amigos”- no deberían ser de dominio colectivo. Entre esas que deberían mantenerse en el más absoluto secreto, a mi parecer, están las de la Hora Loca en los matrimonios o la fiesta de Navidad de la oficina, donde la gente por lo general sale sudorosa, y en actitud o poses comprometedoras. Además, si dudas sobre la posibilidad de causar un conflicto laboral o de pareja con lo que vas a exponer, ni por casualidad lo publiques. Es parte de la etiqueta y las buenas costumbres, respetar la voluntad y la privacidad de nuestros amigos virtuales.
  8. Dar o no dar el PIN, he ahí el problema. Así como alguna vez, de jovencitas, nos sentimos incómodas porque un tipo fastidioso nos pidió el número telefónico, nos sentimos cuando un contacto de trabajo, un amigo lejano o un simple conocido al que no tenemos mucha intención de volver a ver, nos pide el PIN.  Si bien, los smartphones están allí para permitirnos estar conectados y disponibles en cualquier sitio, las 24 horas del día, no queremos estar al alcance de un cliente desconsiderado o un contacto impertinente. De modo que hay que saber a quién pedir el PIN. Procura tantear el terreno con esa persona a quien quieres pedírselo, hazlo como una solicitud amable, y no te ofendas si no quieren dártelo. Dar o no dar el PIN también es un derecho legítimo.


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