No es lo mismo, ni es igual
Por Gabriela Agudo Adriani / gabagudo@gmail.com
“Si la homosexualidad es una enfermedad, entonces llamemos al trabajo y digamos: ‘Hola, no puedo trabajar hoy. Sigo estando ‘gay”
Robin Tyler, activista gay
No, no es lo mismo ser homosexual que vestirse de mujer; aunque haya tanta gente allá afuera que todavía no lo crea. Increíble pero cierto, por ejemplo, que después de incontables debates en el mundo sobre la tolerancia haya gente que siga creyendo o diciéndole a sus hijos que la homosexualidad es una enfermedad. O que estén convencidos de que gays, travestis y transexuales son iguales y todos trabajan en peluquerías.
Sin duda la sexualidad y el género son dos de las condiciones humanas más sufridas y susceptibles por haber sido tratadas en forma masiva durante años con los términos equivocados, y la verdad es que esas equivocaciones siguen sucediendo en los medios de comunicación mucho más a menudo de lo que pensamos. Y muy poca gente en Latinoamérica se atreve a decir bien claro y alto cuánta ignorancia demostramos al llamar las cosas o las personas por términos que no le corresponden.
Por eso me encantó una entrevista televisada con Endry Cardeño, un travesti de origen colombiano –nacido en Cúcuta para ser más exactos- que protagonizó la telenovela “Los Reyes” en 2004 y que hoy hace parte de los elencos de un par de largometrajes venezolanos. El personaje de Endry, “Laiza”, fascinó y entretuvo a millones, mientras en Colombia y otros países que lo vieron se destapaba todo un debate sobre la tolerancia hacia la comunidad LGTB (Lesbianas, Gays, Travestis y Bisexuales). Irónicamente, era todo un fenómeno ver a un travesti -que además luce tan bella como cualquiera de nuestras vedettes latinoamericanas- hacer de travesti en la televisión.
En esa entrevista, Endry, entre otros temas tratados, hacía un llamado de atención sobre la ignorancia en cuanto a los términos que mucha gente usa indiscriminadamente para señalar y estigmatizar a los de su comunidad. Yo creo que tiene razón. Decía, muy emotiva y humildemente, que ya las relaciones interpersonales eran lo suficientemente complicadas y el descubrir de la homosexualidad demasiado difícil como para además, cometer el error de dificultarlas aún más por no saber llamar las cosas por su nombre.
A mi, que me encanta desmitificar las complejidades de la raza humana, me pareció un primer paso tan simple y necesario en aras de una sexualidad colectiva más sana ese de acudir al diccionario para aprender, cuál si fuéramos niños de primaria, cómo es que se llama cada cosa. Pues bien, he aquí algunos de los conceptos que suelen utilizarse con inexactitud en nuestro hablar cotidiano, según el ilustre Diccionario de la Real Academia Española.
Homosexual: dicho de la relación erótica que tiene lugar entre personas del mismo sexo. Se aplica también a la persona que tiende a practicar estas relaciones.
Bisexual: dicho de una persona que alterna las prácticas homosexuales con las heterosexuales.
Hermafrodita: Dicho de una persona con tejido testicular y ovárico en sus gónadas, lo cual origina anomalías somáticas que le dan la apariencia de reunir ambos sexos.
Es una condición genética, ajena por lo tanto a la voluntad del individuo.
Travesti: Persona que, por inclinación natural o como parte de un espectáculo, se viste con ropas del sexo contrario.
Nótese que la definición de travesti no implica necesariamente una condición o práctica homosexual. Los “Drag Queen”, expresión que no aparece en el DRAE pero sí en Wikipedia, se diferencian del travesti en que son hombres que necesariamente se visten de mujer con fines artísticos, con características exageradas, inclusive grotescas.
Por cierto, no es igual ser travesti, que ejercer la prostitución homosexual.
Transexual: Dicho de una persona que se siente del otro sexo, y adopta sus atuendos y comportamientos. También se aplica a áquel que mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquiere los caracteres sexuales del sexo opuesto.
La transexualidad proviene de la disforia de género, es decir, el descontento permanente de un individuo con el género que le corresponde en su fenotipo. También se le llama “Síndrome de Benjamín” en honor al médico que la estudió y sintetizó inicialmente. Se considera un simple hecho sociológico, no una enfermedad; sin embargo, requiere tratamiento y asesoría médica cuando el que la padece desea someterse a terapias hormonales o intervenciones quirúrgicas para un cambio de definitivo de sexo. Obviamente, la disforia de género y la preferencia sexual son condiciones que pueden funcionar de manera independiente.
Marimacho: mujer que en su corpulencia o acciones parece hombre.
Como ven, no tiene nada que ver con la preferencia sexual.
Afeminado: dicho de un hombre que en su persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres.
Aunque muchos homosexuales son afeminados, no es lo mismo ser afeminado que ser gay. Hay homosexuales afeminados y otros que no lo son en absoluto.
Endry, por ejemplo, se confiesa homosexual porque le gustan los hombres, travesti porque se viste y actúa en su vida cotidiana como una mujer, pero asegura que no es transgénero porque no se ha retirado su genitalia masculina, o sea, su pene y sus testículos. Tampoco toma hormonas para que su cuerpo tome características femeninas. Aunque muchos no lo crean, dice sentirse satisfecho siendo lo que es, porque para él no es lo mismo ser diferente a ser infeliz.
Y así como esos de la lista, existen muchos otros términos más. Y otros muchísimos casos de gente que enfrenta la vida de una manera distinta. Digo yo que si está visto que el sexo nos parece a todos tan fascinante, también debería ser igual de fascinante conocer su terminología. Porque no es igual tener mucha experiencia en el sexo, que ser unos expertos en sexología.
VENUS PERSONAL (publicado en mi columna en OC Magazine, No. 13)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario