CRÓNICAS VENUSIANAS
El venezolanísimo dilema del “cómo nos conocemos”
Así funciona “la cosa” en el país más civilizado del mundo (leáse, Norteamérica). Primera salida, por lo general a ciegas, arreglada por un par de amigos: un hombre y una mujer se encuentran. Van al cine o a cenar e intercambian datos sociodemográficos, tales como el estado civil, número de hijos, edad, profesión u oficio, grupo familiar, dónde viven, etc. Luego, si se sienten cómodos ahondando un poco más es posible que se confiesen posturas políticas, ideológicas o religiosas.
Supongamos que va bien “la cosa”. Entonces, por lo general el sujeto masculino en cuestión acompaña a la dama hasta su casa y si ella hace alguna señal que indique luz verde, el sujeto le da un tímido beso en la puerta. Fin de la noche y la primera cita.
A estas alturas, se habrán dado cuenta de que “la cosa” de la que hablamos no es otra sino la búsqueda de pareja.
Llamada del día siguiente o dos días después y pauta para una segunda salida, un poco más íntima. Tal vez a bailar o a pasear por el parque, la playa, etc. Esta vez, hasta se revelan una que otro secreto del pasado y se abren –como quien dice- los corazones. Un par de besos menos tímidos y quizás una caricia en la pierna, una apretadita de nalgas, una tocadita de tetas.
En la tercera salida, la pasión cede por completo al final de la noche. Claro, si todo va bien después de la parte formal, es decir, la cena, el cine, o los tragos; uno de los miembros de la inminente pareja invitará al otro a subir a su apartamento (recordemos que gringos al fin, casi siempre viven solos), le ofrecerá un café u otro trago para desinhibirse, y si el otro accede, no hay que decir más nada, el sexo es una apuesta segura.
Una vez culminado este maratón de las tres salidas, casi siempre pueden decir “we’re officially dating”, aún cuando temas como la exclusividad y el futuro de la relación se discutan posteriormente.
El “dating” es un concepto particularmente gringo. Tanto así, que hemos tenido la cortesía de traducirlo como “saliendo con alguien” y sin embargo, no logramos abarcar todo lo que para los anglosajones significa. A veces el castellano no pinta tan generoso como creemos.
Veamos cómo funcionan las cosas en este rincón del continente. Un hombre y una mujer se conocen –hasta hace unos años- casi siempre en una fiesta, la oficina, la universidad, o por intermedio de la prima de la amiga de la tía que llevó a alguno de los dos a una reunión y ¡zas! se gustaron desde el primer momento. En el primero y en el último de los casos, el factor “amor a primera vista” juega un papel súper importante, porque si se gustaron pero no se vuelven a ver después de dicha reunión, lo que pudo ser nunca pasó.
También gran parte de los casos, la posibilidad de entablar una relación depende exclusivamente, de otro factor importantísimo: el factor teléfono. Y de este se desatan una larga cadena de dilemas, como que si es el hombre o la mujer el que debe pedirlo, si lo anotó en un papelito y se le perdió o fue en el celular pero luego se lo robaron, que si me llama al día siguiente o una semana después y capaz que ya no me acuerdo de su nombre, que si sólo me manda mensajitos es que es pichirre o no está tan interesado/a, y si me llamó pero no le reconocí la voz o él me confundió con otra y otros dramas similares.
Cuando la gente se conoce en la universidad o en la oficina, lo que juega un papel muy importante es el factor incomodidad y a veces el factor tragedia. Mucho tiempo, mucha gente envuelta, y si la relación no funciona, por las razones que sean, probablemente los sujetos en cuestión tendrán que convivir dramáticamente hasta que uno de los dos, ceda y decida salir del panorama o matar al otro.
Una tercera forma de conocerse está teniendo un lento pero firme auge en el mundo de la búsqueda de pareja: el Internet. Difícilmente, muchos de los que están leyendo esto se atreverían a reconocer públicamente que han puesto con toda la intención una foto atractiva y colocado “soltero o soltera” en la casilla del perfil del MSN. O que se han inscrito en “Match.com” y similares. O que han dado su email al amigo de su amigo, así como para distraernos. O que buscan gente disponible a través de la Web en otras partes del mundo. O que, conscientemente, o por equivocación, no importa, han decidido responder el correo electrónico de ése alguien que misteriosamente les envió un mensaje, porque “sólo quería conocer gente nueva”.
Reconózcanlo o no, la realidad es que por las calles de Caracas –y de Venezuela- deambulan tomadas de la mano un buen número de parejas que se han conocido gracias al maravilloso mundo del chat. La razón, aunque compleja, se puede reducir a que todos estamos en la misma búsqueda y la Internet nos ofrece ése temporal anonimato, ésa la posibilidad de dar a conocer sólo la parte buena que queremos mostrar, antes de revelar los defectos.
Hace algunos años, eso era sólo para nerds o para gente fea, o perdedores solitarios. Hoy, hasta las mamirruquis, los tipos exitosos, las mujeres emprendedoras, los divorciados, los entraditos en años lo usan, aunque teman reconocerlo. Es que el mundo, hay que reconocerlo, se ha vuelto demasiado duro allá afuera. Ya la gente hace menos reuniones en su casa, y no sabemos por qué, los mejores partidos nunca asisten a ésas fiestas. La competencia en los sitios nocturnos se ha vuelto demasiado ruda y dispareja, con esas mamis-lolas-recién-operadas y ésos candidatos a míster llenos de gomina, que ya uno no sabe si son de éste o del otro bando.
Ah! Pero ustedes dirán, siempre queda Whisky Bar, donde la mayoría de los tipos están buenos y muy pocos gays entran. Cierto, pero hay que verse el bolsillo después de tener a asistir a Whisky Bar consecuentemente cada jueves, y libar tres o cuatro whiskies con el suficiente tiempo como para llegar a conocer a un hombre medianamente decente.
De la Internet y ésa creciente necesidad de compañía se han derivado conceptos como el “speed dating”. Cómo ya estarán informados, se trata de una reunión en la que 7 u otro número de hombres y mujeres, tienen la oportunidad de conocerse durante un corto período de tiempo. Dicha actividad nació en comunidades judías de Los Ángeles, y se ha dispersado por el planeta volviéndose muy popular en países como España, Japón, México, Argentina y otros rincones de Latinoamérica. Lo que nos demuestra, sin duda que el problema para encontrar pareja no es culpa de la inutilidad del hombre venezolano, sino que es una carencia allende el continente.
No desestimo nuestras tradicionales formas de conocernos. Sin duda, de ellas han resultado infinidad de parejas exitosas y duraderas. Pero la sociedad está cambiando, y tenemos que evolucionar con ella. Me cansé de escuchar frases que ya aborrezco como “no hay hombres”, “todos son inútiles, gallos, casados o pelabolas”, pero fue un descubrimiento maravilloso saber que ellos decían cosas muy similares de nosotras.
Así que les anuncio: ambos estamos en la misma búsqueda, con dramas similares, con el mismo grado de frustración y a veces los mismos problemas.
Quiero aclarar, que “la búsqueda” a la cual me refiero no es la del hombre o la mujer de nuestras vidas. No necesariamente. Es la búsqueda de un “otro”, ¿para qué? Ése no es mi problema, yo sólo estoy hablando de la vía. Si lo que quiere es sexo casual, salvaje, sadomasoquista, ése es su problema, y ahora también de ése “otro”. Si lo que desea es casarse y un “felices para siempre”, éxito y muy buena suerte.
No importa el grado de compromiso ni la frecuencia de los encuentros. Aquí lo que importa es que nadie quiere estar solo. Y si ésa, en tiempos del Génesis, fue una razón lo suficientemente fuerte como para donar una costilla, no veo porque no ayude a romper prejuicios y paradigmas, en una sociedad tan envidiosa de lo gringo, como la nuestra. Después de todo ¿qué es lo que tiene de malo una cita a ciegas?
Gabriela Agudo (9/9/06)
PIQUE NIQUE
Hace 11 años.
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