Si eso no es éxito, entonces ¡¿qué?!
Por Gabriela Agudo Adriani / gabagudo@gmail.com
En estos días, he estado pensando mucho sobre el éxito, y como esto de tener un espacio para escribir lo que a uno se le antoje es un inmenso privilegio, decidí no desaprovechar la oportunidad de compartir mi soliloquio. Por cierto que siempre he temido que esta página se parezca en algo a una lectura de autoayuda, nada más lejos de mis intenciones. A mi lo que me gusta es que me lean y que después, si así les parece, me acusen de ser una habladora de pendejadas.
Al grano: mi amiga María Isabel, con quien trabajaba, me dijo una vez, citando a otra de sus amigas un poco mayor, que el éxito era igual a ser pagado por algo que tú pagarías para hacer. Me encantó ése concepto. El día en que escribí estas líneas recordé esa definición que adopté como propia, mientras veía en TV “Donald Trump: The E! True Hollywood Story”.
Cuenta Donald Jr. (el mayor de sus hijos) que de pequeño escuchaba a su abuelo decir que retirarse es expirar. El famoso empresario, heredero de esa pasión por el trabajo, agrega que jamás parará de trabajar porque ama su oficio y se divierte muchísimo con lo que hace. Esa linda camada que son los hijos de Trump dicen que crecieron con un padre sumamente trabajador pero que a la vez, nunca dejó de tener tiempo para quererlos y educarlos.
Puede que sea fácil que una frase suene muy inteligente o célebre cuando la dice alguien con tanto billete como el Señor Trump. También es posible que ése TV Show no esté contando toda la verdad sobre ésa familia puertas adentro. Pero lo que me llamó la atención de sus testimonios es la evidente pasión del dueño de Nueva York por lo que es su vida y lo que él hace. No a todo el mundo, por más rico que sea, se le ve siempre así de satisfecho.
Siempre he tenido la idea de que la diferencia entre una vida exitosa y una vida miserable, no tiene absoluta relación con la cantidad de cifras que suma una cuenta en el banco, ni con la fama, ni con los aplausos, ni con el glamour. No, a mi modo de ver, la diferencia verdadera no radica más que en el grado de pasión que uno siente por lo que es y lo que hace. Por eso, y sólo por eso, es que gente como el Señor Trump, como mi amiga a la que cité al principio y como algunas otras personas que conozco y con las que he trabajado se ganan mi total admiración.
Pienso que hay gente que suele confundir la recomendación de amar lo que hacen con hacer sólo lo que quieren. La verdad, es que yo creo que no siempre uno termina haciendo lo que quiso o planificó alguna vez, lo cual no quiere decir que por ello no sea capaz de alcanzar lo que según un par de amigas y yo, es el éxito. Pero cuando se llega a sentir verdadera pasión por el oficio que se ejerce, no importa realmente si antes era tu Plan A o tu Plan B o si esa vida ni siquiera estuvo alguna vez en tus planes, te sientes, en pocas palabras, como si este mundo hubiera sido hecho en tu honor y tu justa medida.
Así como sucede con las relaciones amistosas o de pareja, cuando alguien se siente contento con lo que es, con lo que ha logrado y lo que le queda por hacer, quienes lo conocen lo notan, aún de lejos. Claro está, que para lograr transmitir esa especie de aura también hace falta además de un alto grado de pasión, una buena dosis de confianza y autoestima.
La pasión implica también ambición de la buena. Cuando se ama lo que se hace nunca se siente que se llegó al tope, siempre se aprende algo nuevo y siempre se cree que hay mucho más por aprender todavía. Quien piense que ya está suficientemente preparado para afrontarlo todo y no le queda nada por aprender está decretando su retiro e imponiéndose una inmediata fecha de expiración.
Otra cosa que me llamó la atención positivamente del discurso de Trump es el hecho de que diga que jamás el trabajo le impidió compartir con su familia y sus hijos. Sin duda, a menudo el trabajo sirve de excusa para descuidar las relaciones personales, y en consecuencia, los hijos y las esposas (o esposos) terminan odiando el oficio del otro porque lo culpan del abandono. Es precisamente por eso que no creo eso de que el éxito personal y el profesional no puedan combinarse de manera acertada.
A mi modo de ver, quien realmente ama su profesión no le “echa la culpa” de sus rupturas personales, es más, no lo ve como un obstáculo para realizarse sentimentalmente. Al contrario, muy probablemente hace de ello algo tan interesante que a menudo sus seres queridos terminan interesados e involucrados de una manera positiva. Muy probablemente fue así que los hijos de muchos actores, cantantes, médicos, abogados, terminaron siguiendo los pasos de sus padres, haciendo honor a aquello que dice que hijo de gato, caza ratón.
Yo en particular, en este momento siento una inmensa pasión por lo que hago. Ser productora audiovisual -mi principal “trabajo”- se ha convertido en algo más que un placer desde que me permite algo por lo que muy probablemente pagaría de no ser pagada: viajar y comunicar. El hecho de conocer otras latitudes y culturas me da una inmensa satisfacción al punto de sentirme alguien exitosa, aún y cuando mi debilidad por la moda y los souvenirs a duras penas me permita pagar la cuenta de mis tarjetas de crédito.
Pero hubo un momento en el cual no fue así. Tuve un empleo –dentro del mismo medio- por el que nunca llegué a sentir ni una pizca de pasión, aún después de intentar enamorarme de él, y aunque cobraba mejor, tenía en teoría un status más alto y una oficina privada y amplia para mi solita. Supe entonces lo que era hacer algo que ni de bien pagada me apasionaba. Pero me enseñó mucho, eso sí no lo niego. Por suerte, sólo duró nueve meses, aprendí todo lo que pude y me fui cargando con todo el provecho que pude sacar de la experiencia.
Definitivamente creo que el mundo sería un lugar mucho más grato si todos sintiéramos verdadera pasión por nuestras maneras de ganarnos el pan de cada día. ESTE PAÍS sería un mejor lugar si todos amáramos de corazón nuestros oficios. Es más, si más allá de verlo como una forma de subsistencia, lo viéramos como una manera de darle mayor valor a nuestra existencia y mejorar de alguna manera la de quienes nos rodean.
Hay quienes dicen que no viven para trabajar, sólo trabajan para vivir. Yo, muy a pesar de ellos, me declaro viva entre otras cosas para trabajar en este mundo que tanto me gusta.
Y en definitiva, estoy segurísima de que uno siempre puede encontrar algo que le interese y le apasione, al punto de entregarle buena parte de su vida y su corazón a ello, sin siquiera esperar la hora del retiro. Y quien diga lo contrario, lo invito a pensar en que hay por ahí gente a quien le pagan por viajar, contar historias y escribir pendejadas en las revistas. Si eso no es éxito, entonces ¡¿qué es?!
PIQUE NIQUE
Hace 11 años.
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