CRÓNICAS VENUSIANAS
LA CONDENA DE LAS “MQNEB”
Pasó uno de estos días decembrinos que cansada y desmoralizada después de buscar por horas un jean que me sirviera a la perfección, me detuve por unos momentos ante una estación del metro de Caracas. Me pregunté ¿por qué es imposible conseguir un pantalón talla 13? ¿Es que acaso soy la única en este país que está buscando un pantalón de ése tamaño? ¿Acaso toda la ropa está hecha para mujeres 60-90-60 dispuestas a enseñar el ombligo y el principio de la raja trasera?
Conté las mujeres que salían de la estación: una señora pasadita de peso ella, una morenita ni gorda ni flaca, una tetona y cuolna, ahora sí una mami de esas de telenovela, una bajita y gordita, una flaquísima sin senos ni nada de caderas, otra negrita plancheta, una mujer altísima pero con el cuerpo matado, otra mami, otra chica promedio… Así estuve un buen rato. Conté tal vez unas dos o tres mamitas al perfil de tipa buenota, una chamita de lo más linda que sí parecía extraída del Centro San Ignacio, cuatro o cinco tipo normalitas, entre aproximadamente una centena de mujeres.
Pero para consuelo de un montón, fueron mayoría –quizás un 60%-las de “figura alternativa” como yo las llamo, o lo que es lo mismo, las que por estas pasadas de peso o sufrir de grasa mal distribuida, quedan incluidas en la categoría de las MQNEB= mujeres que no están buenas. Ante esas estadísticas y con mi conflicto personal de background me pregunté: “pero y estas mujeres ¿dónde se visten?
Pues es que me preocupa el reflejo de nuestro venezolanísimo empeño en creernos bellas y perfectas en el mercado de la ropa y los accesorios. Temo que para la mujer venezolana actual es dificilísimo cultivar un estilo propio y original en el vestir por cuanto está condenada a conformarse con las tallas y modelos del mercado, que apuntan hacia la “uniformación”. Tal parece que nos obligan a comprar ropa como si fuéramos muñecas prefabricadas.
La verdad es que muchas de ésas MQNEB evidentemente compraban ropa en donde muchas mortales: en el mercado del Cementerio. En ése lugar que es a la vez el paraíso del descuento y por ende, de las asalariadas, y el infierno de la talla única; en donde todo es de spandez o cotton lycra y como es barato y está de moda, te lo compras aunque no te quede a la medida. El resultado es terminas exhibiendo aunque no quieras, los malhabidos “cauchitos” por toda la ciudad y en cualquier día del año.
Otro tanto de ésas, pudieran haber adquirido sus trapitos en cualquier tienda pequeña, donde muy probablemente la talla M corresponda a la XS y la L a la S y así sucesivamente. Seguramente, alguna vez les tocó preguntarle a la vendedora si tenían extra grande y ellas las miraron con cara de “con qué se come eso”.
Un grupo más afortunado pudo hacerse de su guardarropa en algunas de las baratas de Zara o Vestimenta, claro, después de aguantar largas colas en el probador, buscar por horas una talla grande en el color de su gusto y calarse la mala cara de las encargadas de ésas cadenas, que por cierto parecen egresadas del ILEM (Instituto de Lindas y Eficientes pero Maleducadísimas).
Otro tanto, no conoce otro remedio que la sección tallas plus de Grafitti o de Beco, donde todo es de algodón, nada moderno y muy poco elegante, como cosido para tu abuelita y en vez de hacerte lucir mejor te hace ver como 7 o más veces más gorda de lo que ya estás.
Más allá del problema de la talla es un problema de gustos, y es que en este país es difícil comprar aquello que no esté ceñido a la estricta moda del momento. Lo clásico se ha limitado a tiendas de firma en extremo costosas o a una que otra olvidad en Sabana Grande, Concresa o el Centro.
Mientras tanto, las MQNEB quedan con sólo dos opciones: vestir a la moda pero con una talla que no les sienta bien o vestir con tallas hechas para ellas con las cuales además de gordas, también parecen unas viejas. El mercado nos castiga como si cargar con los kilos de más y estar condenadas al terror de las dietas ya no fuera suficiente pena. Y lo peor es que a menudo, las verdugas o las vendedoras, son ellas mismas, unas gordas malvestidas.
¿Acaso han visto mayor cara de insulto que cuando les pides un pantalón talla 13? Se ofenden, aún cuando ellas mismas a fuerza de mantequilla se hayan podido meter en un talla 12. O peor, cuando preguntas ¿qué precio tiene esta camisa? Y la muy infeliz, sin el más mínimo intento por buscar, te responde “60 mil, pero para ti no tengo talla, mami”. ¡O sea, como si tú fueras de una talla que no se fabrica en esta galaxia!
Puede pasar que sí encuentres el trapo que te entra, pero como lo que está de moda es el escote en la espalda, y ésa es la única camisa existente en XL, te la tengas que llevar así tal cual, prometiéndote a ti mismas que vas a ser capaz de pasarte tres días a pura agua para ver si se te bajan los cauchitos de atrás, que de paso tienen sus arruguitas, por que como ya tienes 49… ¡Claro! Es que el problema no es la escasa oferta sino tú porque a quién se le ocurre que a una mujer gorda y de casi 50 se pueda poner otra cosa que no sea una bata goajira.
Y cuando te pasa algo como eso, piensas que te mereces esas miradas flageladoras, que eres una gorda horrenda y sin remedio, que está condenada a vestirse en “Barrigonas” y que ni siquiera te mereces el placer de comprar ropa nueva. Y como bajo esas condiciones, no te queda más remedio que volver a casa con las manos vacías, el único consuelo que puedes buscar es tragarte un pote de helado de chocolate entero.
Pero la próxima vez que vivas esa horrible situación –que sí es más horrible de lo que mucha gente piensa- piensa por un momento: ¿crees de verdad el cuento de que vivimos en un país de bellas y perfectas? ¿Cuántos kilos de más tiene esa vendedora que te hace sufrir por no tener un buen inventario de tallas grandes? ¿Crees que eres la única que padece por no conseguir un pantalón que le entalle y que realmente le guste? Te voy a decir un secreto: los pantalones talla 14 sí existen, pero nunca hay porque son los que se llevan primero. Si no te convence, corre hasta una estación de metro o párate en la entrada del Sambil y sé objetiva ¿cuántas realmente son posibles candidatas al Miss Venezuela?
Basta ya de creer en el mito del país de las misses, en primera instancia porque hace años que este país no produce una corona, y en segunda, porque más productivo sería que creyéramos en las mujeres (y los hombres) trabajadores, preparados, productivos y con una sana autoestima. Basta ya de que los sueños adolescentes de este gentilicio sean operarse los senos y convertirse en promotoras de whisky.
Basta ya de creer en desventaja a las mujeres que no encajan en un ideal de belleza, que por cierto, en este país es demasiado estrecho. Basta de que la gente, con frecuencia las mismas mujeres sean crueles con sus iguales, condenándolas a otras por no parecerse a lo que ellos esperan, que no acepten que la belleza y la sensualidad vienen en diferentes medidas, diferentes tamaños y tallas, desde la XS hasta la XL.
Ojo, que no digo que no haya que cuidarse, hacer dieta y ejercicios si es lo que hace falta para sentirse bien consigo misma, pero ésa debe ser una decisión propia y no producto de la burla, la presión social, la condena de las MQNEB que a menudo llevan a muchas a caer en la depresión, en desórdenes alimenticios, y en infinidad da decisiones erráticas y perjudiciales. Digo que hay que detener la competencia, levantarles la condena y recuperar el respeto a las diferencias, porque cada mujer se lo merece, inclusive las que no estamos buenas.
Gabriela Agudo Adriani
5/01/2007
PIQUE NIQUE
Hace 11 años.
1 comentario:
Hola, mi nombre es Ari, vivo en Israel.
Y si, aca pasa lo mismo, pero con un elemento que dificulta aun mas el proceso: las tallas no estan clasificadas por numeros, sino por los consabidos S, L, M, XL... que permiten jugar con un abanico de 2 talles ( para abajo, obvio) Yo, que soy, digamos delagado, tengo que coparr XL..y estoy hablando de hombres !!!!! Cuando XL fue siempre un " talle special".. en fin, la solucion: talles por numero , nada de medidas extrañas, ni nada, la medida en cmts y punto. saludos.
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