"La más retadora y significativa relación es la que tienes contigo misma. Y si encuentras a alguien que pueda amar a esa tú que tú amas...eso, es realmente FABULOSO" Carrie Bradshaw

viernes, septiembre 12, 2008

¿CUERDA DE BOLSAS EN MI VIDA?

GABRIELA AGUDO ADRIANI / gabagudo@gmail.com

No sé por qué, pero desde que tengo uso de razón he detestado sobremanera las bolsas plásticas. Sobretodo esas bolsas blancas de supermercado, las amarillas que casi siempre usan en la frutería y las de rayas, de diferentes tamaños, que por ser tan feas sólo deberían ser usadas para botar la basura. Ser bolsa no puede tener nada de positivo, no en vano es así como uno llama a aquel que considera inútil, lerdo e indeseable.

Detesto ver bolsas por ahí regadas –sobretodo después de haber tenido una roommate que solía dejarlas regadas sobre la mesa una vez las desocupaba- detesto esa cantidad que se acumulan en casa por causa del mercado y otras compras, detesto su sonido, detesto que todo se transparente dentro de ellas, detesto que haya gente que las use para llevar la comida al trabajo (¡cómprense una lonchera!) y en fin, las detesto siempre que no sirvan para contener ropita recién comprada o un nuevo par de zapatos.

En este país, tenemos la muy mala costumbre de usarlas en cantidad y para todo, inclusive para lo innecesario. Dése cuenta de que si usted va al kiosco a comprar una caja de cigarrillos y un paquete de Trident, el dependiente le ofrece casi siempre una bolsa plástica para meterlos, como si ambos no fueran a perderse de inmediato en la inmensidad de su cartera.

En la panadería, tras comprar un par de canillas que le ponen en una bolsa de papel, la cajera le enfunda el pan en otra innecesaria bolsa plástica, sabe Dios si con la intención de protegerlo del polvo, de evitar que usted se coma parte del pan mientras llega a su casa o de deshacerse porque sí del montón de bolsas con el nombre, el teléfono y la dirección de la panadería que uno jamás necesita.

Ni hablar del hábito heredado de las abnegadísimas madres venezolanas, que nos enseñaron que la carne congelada va en una bolsa, las botellas de vidrio en otra, las frutas y verduras en otra, los productos refrigerados en otra, el pescado por separado para que no contagie a los demás alimentos de su olor, y así sucesivamente con cada variedad o categoría de lo que usted adquiera en el supermercado. ¡Ah! Y recuerde que a las botellas hay que ponerle doble y hasta triple bolsa, no vaya ser que se le rompa alguna por el peso en el camino al carro; es que ya no las hacen con la calidad de antes.

Sume y sume y al final de la semana habrá acumulado un montón de bolsas feas, innecesarias y molestas en su casa, que –haciendo la cosa aún más dramática- tendrá que doblar pacientemente en forma de triangulito para que quepan en algún lado y muy probablemente no podrá gastar hasta que llegue la próxima semana, cuando empiecen de nuevo sus compras habituales y por ende a llegar otro número de nuevas bolsas plásticas a casa.

Yo no sé mucho de ecología, pero sí sé que las bolsas plásticas son grandes agentes contaminantes. Además de afear el comedor de mi casa, hacen lo mismo con las playas y otros pais ajes naturales, en donde personas inconcientes e irresponsables las dejan tras llevar en ellas la comida y bebidas que disfrutaron durante la jornada. También sé que muchos animales marinos son capaces de confundirlas con comida y se ahogan al tragárselas. Por tener sobrinos pequeños he aprendido también, que no hay nada más peligroso para sí mismo que una bolsa plástica en manos de un infante.

Tampoco voy a hacer de este un artículo de ciencia; sólo voy a agregar escasos datos que legitiman mi eterna manía. Según me informé por ahí en Internet aproximadamente el 60% de los desechos que producimos en el hogar vienen de envases y bolsas plásticas, una detestable bolsa como las que yo odio tarda hasta más de cuatrocientos años en biodegradarse y como es de suponer, esos feos objetos están hechos de plástico, plástico que viene del petróleo, un recurso natural no renovable y muy necesario para hacer funcionar otras cosas más útiles y agradables, como mi carro o la cocina de su casa, por ejemplo.

A causa de todo eso, es que la mayoría de los países están ejecutando medidas para reducir la producción y el consumo de las bolsas plásticas. Y ¿cómo? pues, de la manera que a mi me gusta: ¡a través de la moda! Promoviendo el uso de unos bolsos de tela en diferentes diseños, para que en vez de andar por ahí cargando un pedazo de plástico con el logo del Central Madeirense, usted exhiba en su hombro un “bolso de los mandados” en perfecta combinación, si gusta, con su outfit entero. Por ejemplo, unas de estas “I’m not a plastic bag” o una de esas cestas plásticas de colores que hasta Louis Vuitton ha imitado magistralmente haciéndole pagar miles de dólares por ellas a las celebridades del shopping compulsivo.

¿No es brillante? ¿No es un acierto de la moda a favor de la ecología? Y también por qué no decirlo, un acierto de la moda a favor de la ecología y de la misma moda. Y hasta de la decoración, el orden y la limpieza en el hogar, porque ya no estarán esas bolsas por ahí afeando su casa ni la muchacha de servicio perderá más tiempo tratando de hacer los perfectos triangulitos.

Así que se lo pido, únase a la moda parisina de la bolsa de mandado que ya es un hecho hasta en Colombia y Argentina y evite en la medida de lo posible las antipáticas bolsas plásticas en el supermercado. Lo mismo en el kiosco y en la panadería. Deje las que quedan en casa para la basura y deshágase como yo de ellas… ¿Cuerda de bolsas en su vida? ¡Para nada!

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