"La más retadora y significativa relación es la que tienes contigo misma. Y si encuentras a alguien que pueda amar a esa tú que tú amas...eso, es realmente FABULOSO" Carrie Bradshaw

viernes, mayo 04, 2007




Volverse a enamorar ¡a besos!

“Enamorarse es fácil… difícil es mirarse de nuevo y volverse a enamorar”.
Una cuña de Sedal

He aquí una frase sabia; una frase extraída de los tediosos compromisos comerciales del canal 4 a mitad de mi telenovela favorita. Y uno se pregunta qué tiene que ver el champú con las relaciones de pareja, pero la verdad es que la frase te deja pensando por un buen rato en lo difícil que es mantener por siempre la pasión inicial del enamoramiento.
La verdad es que sí, cuando dos personas llevan unos cuantos meses (o años) juntas, es difícil descubrir una cualidad nunca antes conocida, que despierte emoción y nos enganche de nuevo. A menudo, contrariamente, se empiezan a descubrir nuevos y peores defectos que más bien pueden alejarnos terriblemente y la convivencia, para colmo, es la más cruel de las trampas que evidencia y maximiza los errores de cada uno.
Yo, la verdad, es que no sé a qué le tengo más miedo: si a las relaciones o a las rupturas por aburrimiento. Quizás por mi pánico a las rupturas y la rutina es que durante años le huí a las relaciones. Odio ese momento en el cual los miembros de una pareja tienen que tomar una decisión que defina la situación en qué se encuentran. En cambio, soy adicta a la excitación del primer beso.
Cuando no te queda más remedio que meterte en una relación estable alguna vez en la vida, pienso que como Madonna, una debería reinventarse al menos, una o dos veces al año. Pero no con un nuevo color de cabello ni con una siliconas de estreno, sino con una habilidad que haga perder la razón a esa pareja, algo que lo sorprenda, y que como en la cuña de Sedal, le haga decir “guao, qué bella –y qué maravillosa- es la mujer con la que duermo todas las noches”.
¿Y qué puede ser mejor que cualquier batida de cabello, y más rápido que una cirugía y más inmediato y estremecedor que un nuevo cuerpo a punta de gimnasio? ¡Un beso!
Un beso de esos que sorprenden, que silencian, que estremecen. Uno de esos que te llevan de regreso al momento en el cual decidiste que sí querías ser parte de la vida de esa otra persona. Un beso de esos que te quita el dolor del cabeza, que te borra el stress de la semana, y en el que te quedas queriendo que no se acabe nunca. Un beso que no necesariamente es el preludio del sexo. Un beso, tan simple como un beso.
Creo que en la común vida de pareja hemos subestimado los placeres y las propiedades del beso. Vivimos desgastándonos en el cuidado de la belleza y el cuerpo, en la preparación de las comidas, en la lucha por la solvencia financiera que nos permita vivir a nuestras anchas, en los niños, en las familia, en el trabajo y hasta en el sexo. Pero poco le prestamos atención al beso, ése momentum que fue nada más y nada menos el inicio de la historia que hoy vivimos juntos.
Porque para ser claros –al menos en nuestras sociedades occidentales- el beso juega un papel tan fundamental en el ritual de cortejo y apareamiento, que de no haber sido agradable y aprobatorio ese primer contacto oral, muchas parejas no llegarían a una siguiente salida. Es en ese primer beso que cuerpo y corazón se ponen de acuerdo para enviar las señales de “¡sigue! ¡adelante!” o “¡qué va! ¡huye! ¡con este no funciona!”
Y no es cosa que dependa de la técnica, o de las circunstancias. Claro que hay algo de importancia en el acoplamiento, pero fundamentalmente se trata de química humana: el beso de prueba se siente bien o no se siente… y punto.
Así que ¿por qué relegar tan placentera práctica al noviazgo temprano, a las salidas adolescentes, a los finales de las telenovelas, al jugueteo previo al sexo? ¿Por qué, si ése ejercicio puede devolvernos el estremecimiento de las primeras salidas, de la echadera de perros, o de la época en que esas largas sesiones de besos sustituían al sexo al que aún no habíamos llegado con esa pareja?
Yo cambiaría la frase de la cuña de Sedal por algo así como “besarse –inocentemente- de nuevo puede ser la fórmula para volverse a enamorar”. Claro que esa sentencia no les ayudaría a vender champú, pero las armas de cada quien son libres y un oloroso cabello también puede ser uno de los co-protagonistas.
Y que no nos engañen los estudios esos que están rodando por ahí: no, el chocolate no es más excitante que un beso. Al menos, no entre dos. El chocolate puede ser el complemento perfecto para una buena sesión de besuqueo, pero jamás su sustituto de ella.
En lo que a mi respecta, al menos mis rupturas ya no serán por aburrimiento. No después de descubrir tan deliciosa formula del reenamoramiento. Al menos, antes de que eso suceda, voy a leer las 30 formas de besar que define el Kamasutra y a intentar revivir la pasión del inicio con una larguísima, dulce y húmeda sesión de besos al más puro estilo adolescente: en el sofá de mi casa, en el marco de la puerta, en el carro estacionado en una calle oscura, antes de comenzar la película en el cine… Bésame…y bésame de nuevo.


Gabriela Agudo Adriani
4/05/07

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya vengo... voy a buscar al portu a ver si después de leer esto me quiere besar más ... jijiji!!!!!!!! gracias por tan buena excusa para besarnos y besarnos con quien queramos cada día más

Jesús Nieves Montero dijo...

lo que hace una cuña de tv!!!

interesante reflexión te sigo en tu razonamiento: pese a la promoción que tienen complicados aparatos en las sex shops para reavivar las relaciones de pareja, como se dice en el boxeo cuando un deportista ha perdido la senda: back to basics...

a partir de un buen beso las cosas pueden cambiar contundentemente...

salud!