“Sí, mamá, estoy en la porno del colegio. ¿Por qué te sorprende?”
Claro que sé que a finales del año pasado, un escándalo se desató en toda Venezuela cuando se conoció que adolescentes de liceos de Caracas, Barquisimeto y otras ciudades importantes, habían comenzado una red de pornografía que comenzaba en los baños de los colegios y terminaba en el archivo de sus teléfonos celulares de tercera generación. Aquello de las niñas de séptimo grado teniendo sexo en uniforme con chicos de años superiores llenaron algunas páginas web y los anaqueles de los buhoneros de Sabana Grande.
No me cae de sorpresa que a medida que la noticia se regara, aparecieran más y más liceos involucrados, no sabemos si por imitación y moda, o porque se había destapado la caja de Pandora. Me enteré también de que a una señora, madre de alguna de las adolescentes protagonistas, sufrió un infarto fulminante al ver a su hija en plena felación.
Avanzado el año 2007, veo que el temita de la pornografía colegial sigue ocupando centimetraje en los periódicos nacionales y como resultado, muchos liceos han decidido prohibir el uso de teléfonos celulares con cámara en los salones de clase. Solución “salomónica”, dicen por ahí.
Mientras tanto, en muchas discotecas del país, muchachitas que no parecen tener más de 18 en busca de sus quince minutos de fama se bajan los pantalones en una tarima y enseñan el hilo y hasta algo más, al ritmo de un reggaeton que dice “Ni tu padre ni tu madre te quieren conmigo, hagamos el amor por el teléfono”. Sí, yo misma las he visto. Más de una salió en prime time atrapada por la indiscreta cámara de programas como el desaparecido “Ají Picante” a riesgo de provocar un ataque al corazón de su familia entera.
Pero también averigüé que al tiempo que las colegiales se desnudan en colegios privados y liceos, en cifras de Prosalud, Venezuela ocupa el primer lugar de toda América Latina en número de embarazos adolescentes, con 21 por ciento de las mujeres que dan a luz en clínicas y hospitales del país que no superan la mayoría de edad. Y tampoco sorprende, a juzgar por la facilidad con la que se bajan las pantaleticas en público. No sabemos qué cantidad de nuestras jóvenes se somete a abortos provocados para interrumpir sus embarazos precoces, pero se cree que no son pocas.
Ante semejantes demostraciones, la realidad se me cae de madura: la iniciación sexual de nuestros adolescentes es cada vez más temprana y más desorientada. Pasa en los baños de los colegios, en la casa de los amigos, en el hogar, en las plazas, en los parques, en un rincón oscuro en las fiestas o en los asientos traseros de algún vehículo.
Prosalud dice que la pérdida de la “inocencia” ronda en los varones los 14 años, y en las hembras los 15. Y no, no se trata de abuso ni de tráfico infantil, se trata lamentablemente, de niñas y niños que deciden por sí mismos participar en actividades de este tipo, motivados por el exceso de contenido y presión sexual que reciben a diario, de su círculo social, la industria de consumo masivo y hasta de la propia familia (¡Horror! Sí, de la propia familia).
Ése proceso de entrada al mundo del sexo, no se da con frecuencia con una pareja elegida, ni sucede por amor o por la curiosidad natural. No. Más veces de las que creemos, niñas y niños se inician en un encuentro casual, con múltiples parejas, o como los protagonistas de “Caracas y sus adolescentes” en un acto de sodomía o pornografía infantil. Yo misma he escuchado historias de quienes comenzaron en circunstancias desafortunadas cómo ésas.
Sí, sabemos que en el mundo entero, es el sexo lo que más vende. Ésa es una realidad de la cual ni yo ni nadie puede renegar. En Latinoamérica, y en especial en el Caribe, la belleza y voluptuosidad de la mujer es explotada por la publicidad para vender cualquier tipo de productos y transmitir diversos mensajes por los medios de comunicación masiva.
Ni hablar de los mensajes que se cuelan en la música, que hasta en las piñatas, escuchan los vástagos. Y ustedes, los padres y los amigos aplauden y aúpan a las muchachitas, que en su más tierna infancia compiten por mover más las caderas al ritmo del reggaeton. La que más se menea, la que más perrea y es más “avión” es la que más aplausos y felicitaciones recibe.
La tradicional fiesta de presentación a la sociedad de las niñas de 15 y los viajes en crucero, han sido sustituido desde hace años, por el pago de la mamoplastia de aumento. Más allá de las implicaciones médicas de este proceso, es un regalo que (me perdonan los padres que han apoyado esto) le dice a las niñas –que con frecuencia ya están más que iniciadas en su vida social- que tienen el visto bueno de su familia para moldearse como objetos sexuales.
Creo que reportajes como “Sin tetas no hay paraíso” han dejado más que claro que a menudo, en nuestros países, el deseo de convertirse en objetos del deseo puede ir por encima de cualquier moral. Tristemente, el oficio de promotoras, modelos y misses es uno de los más aspirados de manera inmediata por parte de las muchachitas venezolanas más lindas, más que cualquier otro con mayores retos intelectuales.
Sí, ciertamente a muchas de estas niñas los padres les exigen desarrollar estudios en paralelo –a diferencia de las protagonistas del seriado colombiano-, lo que no impide que la mayor aspiración en sus mentes sea salir alguna vez en la portada de alguna revista. El clásico ejemplo, que traigo a colación con una disculpa para mis colegas de esa casa de estudios, es el de las dieciochoañeras-estudiantes de comunicación social de Universidad Santa María que muestran sus atributos en las páginas de Man, Urbe Bikini y Playboy Venezuela.
No, me perdonan las instituciones que se supone se están “encargando” de este asuntico, pero a mi modo de ver no existe información en los medios de comunicación social que haga contraposición o atenúe el impacto de esos mensajes en nuestros niños y adolescentes. No existen campañas a la altura de esta problemática que den el alerta sobre las cifras de embarazo precoz, sobre las muertes y accidentes por abortos provocados, sobre la multiplicidad de enfermedades de transmisión sexual que pueden contraer las chicas y chicos, y mucho menos sobre el peso psicosocial de un inicio sexual inadecuado.
Ahora que me disculpen los padres, pero este asuntico, antes de ser problema de un colegio o una institución, o del gobierno, es un problema muy suyo, más suyo que de más nadie en el mundo. Si la misma mamá que da el visto bueno para que su hija salga de casa a los trece años con tacones, el ombligo al aire y una minifalda cortísima, tuviera el mismo guáramo para entender y explicarle a la niña que la educación sexual es algo más que saber que a los niños no los trae la cigüeña, otro gallo cantaría.
Si el padre –o sea usted- que se enorgullece de que su hija baile reggaeton mejor que la del vecino entendiera que está sembrando en ella un culto por el sexo antes de tiempo, probablemente la carajita crecería con una moral más sólida, que le impediría exponerse ante la cámara de Fulanito en actos lascivos.
Si usted además del donante de semen fuera un verdadero orientador, un merecedor del título de “padre” pues, tal vez tuviera oportunidad de explicarle a su hija que lo que Perencejo le pidió que hiciera no es ninguna prueba de amor y que “Papi dame duro” no es el lema de su generación. Además, de repente hasta le explicaría a la maestra, que prohibir los celulares con cámara, no es precisamente, la mejor solución.
Pero además no es sólo problema suyo, porque si los venezolanos en general aplaudiéramos los valores humanos y culturales, por encima de este culto absurdo y desmedido a la apariencia física, seguramente nuestros colegiales se ocuparían de estudiar para poder entrar a las universidades, y convertirse en ingenieros, médicos o periodistas y no de volverse estrellas porno antes de tiempo, sin ni siquiera saber el infierno al que se exponen. Si de verdad nuestras niñas y nuestras mujeres comprendieran que pudiéramos ser más que un país de culos y tetas, menos niñas se joderían la juventud con un embarazo adolescente.
Pero si ni los padres de hoy, ni los maestros, ni los publicistas, ni los cirujanos, ni los consumidores del sexo y de la belleza, son capaces de entender que son ellos quienes llevaron a esos adolescentes a que se hayan convertido en cifras, en videos, en portadas de los DVDs de Sabana Grande, ninguna de estas noticias debería angustiarles y mucho menos matarles de un infarto.
Si usted señora, muy buenota y muy pava, y con las lolas y la lipo muy hechas, tan divorciada y liberada; o al contrario tan anticuada y tan frustrada que no quería condenar a su hija al mismo destino, no iba a prohibirle a la chama que se pudiera un piercing en el ombligo y que lo exhibiera en las fiestas si además se veía tan sexy cuando perreaba “bailando la toqué y ella se dejó”, nunca le dijo que el sexo dolía y que le complicaba la vida a una si no se llevaba con calma y responsabilidad, no entiendo de qué se queja entonces.
Pero señora, señor, si ustedes no se han ocupado de que su carajita sepa que nació para algo más que para enseñar el ombligo, seducir adolescentes vía chat celular y bailar reggaeton, ¿por qué les sorprende que esté protagonizando la porno del colegio?
Gabriela Agudo Adriani
(25/03/07)
PIQUE NIQUE
Hace 11 años.
1 comentario:
Excelente evaluacion de un fenomeno que tambien vivimos en Argentina.
Los padres somos los maximos responsables de la formacion de nuestros hijos y debemos atender en cada minuto la misma con ejemplo y compañerismo. respetando sus intelectos y personalidades pero señalando los desvios y acompañando la vuelta al buen sendero.
Mi esposa y yo hemos guiado a nuestros dos hijos ,hoy de 21 y 25, dedicando nuestra vida a ello.
Triunfamos sabiendo que se dejaba mucho de lado en la contienda.
Hoy no abandonamos la tarea colaborando con cuanta pareja vemos desconcertada en este duro trajinar de ser un buen padre.
Y esperamos felices convertirnos en abuelos diligentes.
Hemos encontrado la felicidad en este duro trabajo de formar personas dignas , y podemos asegurar que es mas que gratificante saber que al irnos del mundo nuestra labor tuvo un sentido y en algo modificó lo que parecia inmodificacble.
En esa docencia social esta el secreto de una gran sociedad.
Invito a todos los que lean este parrafo a probar sus fuerzas en esata campaña .Cuantos mas sumemos mas facil será derrotar al estupidismo facilista.
UN BESO DANIEL
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